Schoolboy Q. Redención [Review]

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Texto publicado en el Número 56 de Hip Hop Life.
Texto por Jaime Valero
Fotos Archivo

Contradicción. Sacar lo peor de uno mismo para tratar de obtener lo mejor. Luchar por extraer de tus vivencias un clásico que perdure con los años. Salir del agujero para volver a caer en él. Estas y otras batallas personales conforman ‘Oxymoron’, el nuevo disco de Schoolboy Q con el que viene a reivindicar su papel de pieza clave en la factoría TDE.

CALLES, BANDAS Y FÁRMACOS CON RECETA

Un joven padre recostado en un sofá, la barbilla clavada contra el pecho y los pies fijos al suelo. Inconsciente, inmóvil, vómito en la camisa, dolor en el estómago. Efectos secundarios de un ciego de pastillas. A su lado, su hija, de apenas un par de años, trata de despertarlo -“¿Qué te pasa, papi? ¡Despierta! ¡Despierta!”- sin obtener respuesta. Schoolboy Q nos narra esta desoladora escena en la pieza central de su álbum, “Prescription/Oxymoron”, dividida en dos partes con las que nos explica su adicción a sustancias como el Valium, el Xanax y la codeína, y los tiempos en que se dedicó a traficar con la oxicodona. Todos ellos anestésicos, opioides, medicamentos recetados para curar ciertas enfermedades, pero que en la calle tienen otros usos. Por ejemplo, acallar la conciencia, aplacar la ansiedad, aparcar los problemas. Unos fármacos que, tal y como podemos escuchar en sus canciones, han jugado un papel decisivo en la vida del artista al que hoy conocemos como Schoolboy Q, nacido como Quincy Matthew Hanley en octubre de 1986, y criado en un barrio de Los Ángeles próximo a las calles Figueroa y Hoover, que también jugaron un papel decisivo en su evolución. De la primera nos habló en su disco ‘Habits & Contradictions’ (2012), en la canción “Nightmare On Figg St.”; de la segunda en su reciente ‘Oxymoron’ con el tema “Hoover Street”. En él nos habla de su tío, un adicto al crack que robaba dinero a su madre (la abuela de Q, quien le enseñó su primera pistola tal y como nos cuenta en “Gangsta”, la canción que abre el álbum) e incluso el radiocasette y la bici de Quincy para venderlos y poder conseguir su dosis. Canciones como esta explican el entorno en el que creció Schoolboy Q. Un entorno marcado por las drogas, las armas y la pobreza; una pobreza que cuesta imaginar en nuestro país, y eso que miserias no nos faltan, que representa el reverso oscuro de ese Sueño Americano que los yanquis tratan de exportar al mundo desde hace décadas. Todo ello forjó el caldo de cultivo ideal para que aquel niño, a medida que se fue haciendo hombre, creciera contaminado por la falta de esperanza y oportunidades, por los sueños de hacer dinero rápido y fácil. Y dicho y hecho, con apenas 12 años, Q ya entró a formar parte de una banda de la calle Hoover adscrita a los Crips, una de las más míticas de Los Ángeles, fundada a finales de los años 60 por Raymond Washington, a quien Q le dedica una canción de su anterior disco: “Raymond 1969”. Los primeros años serían de toma de contacto: pequeños hurtos, atracos y posteriormente el tráfico de sustancias. “Estuve vendiendo crack durante un tiempo, pero no hice mucho dinero vendiendo crack, ni hierba, ni nada de eso. Hice mucha pasta vendiendo oxicodona (…). Así que me dedicaba a vender toda clase de mierda. Me metí en movidas, me llevé palizas. A los 21 me arrestaron y fui a la cárcel. Me acusaron de un delito y también me golpearon. No voy a contar cuáles fueron los cargos, pero no fue por ningún delito sexual”, explicó Q en declaraciones a Complex. Entre los 16 y los 21 años se desarrolló la etapa álgida de su paso por las bandas, hasta que lo abandonó cuatro meses antes de la salida de su disco Setbacks. Sin embargo, eso no quiere decir que abandonara por completo las actividades ilícitas, como él mismo contó en una entrevista con HipHopDX, donde explicaba el sentido del título ‘Oxymoron’, concepto que hace referencia a una contradicción: “El oxímoron en este álbum es que todo lo malo que hago es por el bien de mi hija. Por eso hurto. Por eso robo… Todo aquello de lo que hablo en mi álbum que sea negativo, es siempre por una buena causa, por mi hija.” Y así es como llegamos al punto de inflexión en la vida de Q: el nacimiento de su hija Joy en 2009. La misma que trataba de despertar a su padre en la escena con la que abríamos estas líneas, la misma que aparece en la portada de ‘Oxymoron’ y en el videoclip de “Break The Bank”. La misma que, si las cosas no se tuercen, puede guiar a Quincy por el camino de la redención.

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EL ESTILO DE LOS MIL ESTILOS

Estos breves apuntes sobre la trayectoria vital de Schoolboy Q nos sirven para comprender mejor su estilo y la visión del mundo que expone con sus letras. Quincy escribió sus primeras letras con 16 años, pero no fue hasta los 21 cuando comenzó a tomárselo en serio, algo a lo que ayudó la toma de contacto con la gente de Top Dawg Entertainment. Q pasaba unos años jodidos, saltando de una casa a otra, sin domicilio fijo. “No tenía ningún lugar donde quedarme. Me fui a TDE y estuve viviendo literalmente en el estudio donde se grababa. Me pasé casi dos años sin poder dormir porque siempre había alguien grabando. Me lavaba con líquido para lavavajillas. Yo era uno de esos tipos que nunca piden nada, así que nunca pedí jabón. Si no conseguía robarlo, me echaba un poco de líquido de lavavajillas para quitarme la suciedad”, declaró a Vibe en una ocasión. Al principio estaba verde en cuestiones musicales, pero fue creciendo, y no tardó en encontrar su sitio entre los demás miembros de TDE, con quienes llegó a formar el grupo Black Hippy. De entre ellos, podríamos considerar a Q como un cruce entre Kendrick Lamar y Jay Rock; a Ab-Soul le damos de comer aparte, con sus teorías conspiratorias y sus coqueteos con las drogas alucinógenas. Con Rock comparte el bagaje gangsta, la inmersión en el corazón más rudo y peligroso de Los Ángeles. Eso sí, Rock es
más clasicorro y (en base a lo que hemos podido escuchar hasta la fecha) más limitado en cuestión de recursos, de ahí que en cuestiones estrictamente musicales, Q sea más próximo a Kendrick por su camaleónica forma de rapear, por la complejidad de sus estructuras, por la construcción orgánica de sus canciones y por su incontestable modernidad. De hecho, pese a ser buenos amigos, no son pocos quienes ven en ellos a dos rivales en potencia, por mucho que ambos le quiten hierro al asunto. Pese a todo, la competi está ahí: “Kendrick no me dejó otra opción que lanzar un clásico”, explicó a Complex en referencia al peso que ha podido tener sobre ‘Oxymoron’ el éxito del good kid, m.A.A.d city. Al margen de la influencia obtenida por la cercanía con los demás miembros de TDE, Q siempre ha señalado a 50 Cent y Jay-Z como sus principales influencias. El primero por su street-cred, por su forma de transmitir sus vivencias callejeras; y el segundo porque, como explica Q, siempre llega con un estilo nuevo, no se encasilla, está experimentando continuamente con nuevos flows y nuevas estructuras. No sorprende, por tanto, que Q se esfuerce por sorprendernos en cada nuevo tema, jugando con los ritmos y los compases de una forma que, al menos en su entorno, solo Kendrick sería capaz de igualar.

EL CAMINO DE LA REDENCIÓN

Pese a que tampoco podamos decir que Schoolboy Q se ha convertido en un hombre nuevo, es indudable que los efectos positivos de la música y la paternidad han producido un profundo cambio en su ser. Salvo algunos escarceos ocasionales con la codeína, que él mismo ha confesado en fechas previas al lanzamiento de Oxymoron, los tiempos de las sobredosis de fármacos, el tráfico de sustancias y las visitas al juzgado parecen haber quedado atrás. Quizá sea el momento de recuperar su afición por el fútbol americano, que antes de la música había sido para él el atisbo de esperanza para poder salir del gueto, cuando lo practicaba en el equipo de la West Los Angeles College, periodo estudiantil en el que se ganó el apodo de Schoolboy (aunque por lo visto su nombre artístico también se debió a un pimp de su barrio que se hacía llamar así). Lo que sí está claro es que su verdadera carrera musical no ha hecho más que empezar, y el éxito cosechado por sus dos primeros álbumes con TDE (‘Setbacks’ y ‘Habits & Contradictions’) y el nuevo ‘Oxymoron’ que ha publicado con el apoyo de la major Interscope, parecen apuntar a que la estabilidad económica y emocional que le faltó durante su adolescencia y primeros años de madurez, está más cerca de lo que parece. Mientras tanto, seguirá compartiendo con nosotros estas barras llenas de crudeza, de rabia, de redención, en las que rinde cuentas con su pasado al tiempo que se perfila como una de las voces más interesantes del actual panorama estadounidense.

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TRES IMPACTOS

Aunque previamente sacó un par de mixtapes, vamos a repasar la discografía de Schoolboy Q centrándonos en sus tres álbumes oficiales, al ser los más representativos.

‘Setbacks’ (TDE, 2011).
Con este disco Q aún se estaba buscando, aún estaba por desatar todo el potencial que hemos visto en lanzamientos posteriores. Pero ya había aquí un puñado de historias en torno a las vivencias y problemáticas del MC, centrándose en todas aquellas movidas negativas que le impedían salir adelante con el rap. El disco recibió críticas mayoritariamente positivas y dejó temas interesantes como “Druggys Wit Hoes” y “Rolling Stone”, con su gente de Black Hippy.

‘Habits & Contradictions’ (TDE, 2012)
En apenas un año, Schoolboy Q pegó un salto cualitativo de impresión. Los cortes recopilados en este álbum ofrecen un sonido más complejo, más personal y mucho más elaborado. Q lo concibió como una precuela del anterior ‘Setbacks’, para seguir ahondando en su pasado en las calles con canciones donde transmitía su visión del gangsta rap (“Sacrilegious”, “Raymond 1969”, “Nightmare On Figg Street”), otras más hedonistas (“There He Go”, “Hands on the Wheel”) y otros que te dejaban con el corazón en un puño, como “Blessed”.

‘Oxymoron’ (TDE/Interscope, 2014).
El punto álgido de su carrera hasta la fecha, si bien es cierto que ‘Habits & Contradictions’ no tiene nada que envidiarle. La soltura adquirida en el estudio proporciona a Q la oportunidad de expresarse con voz propia, de experimentar sin miedos, y eso se nota en la calidad de temas como “Prescription/Oxymoron”, “Hoover Street” y “Break the Bank”. La única concesión a Interscope, la multi que lo edita, parece ser el videoclip del tema “Man Of The Year”, un baño de culos y tetas que rompe con la seriedad callejera de Q.

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