Al habla Kase O. “Veni, vidi, vici”

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Sabía que lo tenía dificil, que que su LP era el trabajo más esperado, el que había hecho correr los ríos de tinta digital más densos. Al final esos miedos, frutos de esas expectativas no sólo han sido infundados, sino que nunca debieron tener lugar. El Círculo es el disco de 2016 por excelencia y con él, Javier Ibarra vuelve a alargar la sombra de Kase O como ningún artista del género haya hecho nunca en este país. Larga vida.
Por EPH. Fotos por Gustaff Choos

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KASE VS JAVIER

HIP HOP LIFE: La historia de la persona siendo devorada por el personaje es un clásico en la música, el espectáculo, el arte…¿Cuándo sentiste que Kase O estaba devorando a Javier Ibarra?
KASE O: Pues ha sido más al hacer este disco en solitario cuando más he querido ajustar a Kase O a Javier Ibarra, pero de normal no ha habido mucho desajuste. Llevo ya trabajando bastante, en mis últimos trabajos, la idea de acercar a un Kase O que Javier Ibarra pueda defender, pero en este disco el hombre detrás del monstruo era yo, Javier. Al final tienes al monstruo, pero no dejas de ser un hombre y tienes que pensar cómo manejar esto. Y en ese proceso sí que estaba solo y sí que pasé mal, me venía grande el ente, el disco, el esperado disco. Porque no se trata del 2º LP ni nada de eso: este era el puto disco de rap que la gente estaba esperando. Gente pidiendo que volviera el Kase O noventero con el hardcore, otros que querían otro Kase O…y yo tampoco quería cumplir con nadie en concreto. Pero no dejas de sentir miedo, gestionarlo. Además a mí por encima de todo me gusta la música y quería hacer música guapa. Y ok, tengo al letrista, pero a nivel de música me tenía que exigir más. Tenía las letras, pero no tenía claro cómo quería sonar. Y eso que he tenido ritmos de todos los palos, pero no me quería parecer a nadie. Es una meta muy gorda y muy loca, pero no quería hacer lo que está haciendo todo el mundo, con los mismos productores, no quería llenar el disco de ritmos y ya, al menos no en este primer disco tan esperado, quería algo más mío. Tanto, que a mitad de proceso me tuve que poner a producir.

HHL: También es habitual la historia del artista que, ávido de ritmos, escucha a todos los productores posibles buscando ese sonidos con el que crear un trabajo. En tu caso, hablas de haber escuchado cerca de 2000 beats para crear El Círculo, y aun así has tenido que autoproducirte algunos temas, de lo cual se deduce que o bien los productores no han sabido darte lo que quieres o que no tenías claro lo que buscabas.
K: Primero de todo, tengo que agradecer a toda la gente que me ha mandado sus ritmos con toda la ilusión. Me ha tocado hacer mucha criba, entraban unos ritmos, salían otros, otros se mantenían ahí…al final era un poco de todo. Pero no tenía muy claro lo que quería. He dado pistas, referencias para indicar cómo me gustaría sonar. Por ejemplo, en “Tutorial” lo que le pedí a los productores era “un ritmo, un bajo y un sonidillo” así, con esas palabras (risas). Un sonido que podía ser el de un instrumento o algo más místico, no quería un loop recargado, sino algo que llenase, pero diese la impresión de vacío en el ritmo. O les pedía un breakbeat gordísimo. Pero al final algunos rirmos se quedan fuera incluso por una cuestión de las estéticas que le quería imprimir al disco. No todo podía ser breakbeat o ritmos con pianos tristes. Si me metí a producir temas en el disco es porque quería sentirlos como míos, necesitaba meter baza en la música como fuera. Luego sí que te das cuenta de que no es tan fácil hacer sonar un ritmo como hacen los americanos o tus productores referentes.

HHL: En las distintas entrevistas que has dado, hablas del buen momento que se vive para hacer música. Sin embargo, en “Intro” sueltas que “la música de ahora es la peor de la historia” o ”MC’s ridículos, público estúpido, impúdico…” y uno se pregunta si es un vacile o hay algo de cierto…
K: Es un vacile (risas) que puede venir del desconocimiento, de que no conozca toda la música que se hace ahora y que la que me llega no me gusta, bien por su estética, su sonido. Cada uno escucha la mísica que le lleva a determinados momentos. Yo escucho Brand Nubian y todo eso porque es la música que me lleva a mis quince años y porque me sé los raps. Ya no tengo edad para saberme los raps de los nuevos MC’s, no me sé ni sus caras. Pero como te digo, la estética de hoy, comparada a la de discos de Eric B & Rakim y toda esa época es otro nivel. Pero ya no es sólo en el rap, tienes los discos de Led Zeppelin, Queen, Jimmy Hendrix, o el soul de Aretha Franklin y guay por artistas como Amy, pero no me vengáis con que se puede comparar con Aretha. Y todo es discutible, pero estoy en mi disco y hago mis afirmaciones. Es hardcore, lo sé, no quiero herir a los chavales de ahora, no va por ahí, es más por la música en general, por cómo sonaba antes todo, la calidez de entonces.

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MISMA ATMÓSFERA, DISTINTOS MILIBARES
HHL: Has hablado del miedo de la reacción de la gente a lo que pudieras ofrecer, de la presión…¿De verdad albergas esos miedos después de una gira como la de Jazz Magnetism, después de los soldouts, la respuesta del público, la crítica?
K: La presión viene por la competición, yo lo que quería era sorprender a otros creadores, a los tipos que se ponen detrás de un folio, provocarles, como cuando escuchas a otros artistas y te dices “¡tengo que ponerme a escribir!”Cuando escuchas a MC’s que te meten caña, esa es mi mierda. Tengo mis trucos y me imagino a la gente cuando los oye, imagino que les van a molar, les van a flipar. La presión está en la idea de pulirme a todo Cristo, cuando te has metido en este lío de la competición no hay otra. Así es como se hace avanzar el arte y su nivel. Me he sentado muchas horas, he hecho mis dibujos en forma de canciones, estéticamente, métricamente. Que te gusten más los ritmos o no es otra cosa. Pero si te paras a ver los trucos que hay, verás que hay miles. Ahí está la presión. Puede que a las masas le des un trabajo medio bien hecho y no te juzguen, pero a los cabrones que hay que enfrentar es a los que están empezando, hay que hacer que escuchen el disco y digan “¡este cabrón aún escribe, aún tiene garra!”. De eso se trataba, de hacer rimas guapas, cosas que no hubiera hecho. Es obsesión por crear, un doble o nada en mi cabeza. O hacía un discazo o se acabó. Era un terror increíble de estar arriba a ver que no le molas a la gente, que la has cagao, que has metido la gamba. Tuve un miedo atroz que no supe gestionar. Pero poco a poco te pones fechas para terminarlo y ya no puedes pensar en eso, sino en acabar los párrafos.

HHL: El Círculo parece el trabajo en el que con más sinceridad te has manifestado. Cierto que es el tu ópera prima, pero al ser en solitario la carga sincera es más notable. Imagino que al miedo aquel se habrá unido ese temor a mostrarte tal y como eres. Una sinceridad manifiesta en “Triste”, “Guapo Tarde” o “Basureta”. ¿Qué te ha costado más: sincerarte o aguantar la presión de la expectative creada?
K: Me daba más miedo la presión, lo otro también lo buscaba, pero una vez que me liberé, me dije “se acabó la triquiñuela, el vestirte sólo de MC”. Quería emoción en el disco y no la tenía, llevaba una vida tranquila desde hacía tiempo. No se trataba de hablarte de cómo estoy mirando las nubes pasar en mi jardín (risas). La gente está comentando mucho el tema de la sinceridad, etc pero hay pedradas hardcore en el disco. Pero ha estado guay ir de un lado a otro, creo que es la clave. Y las reacciones de la gente…creo que no se podían imaginar ese disco, el llegar a conocerme como si me estuvieran viendo por una videocámara en ciertos momentos.

HHL: Para este disco has reunido hasta 4 canciones de amor, sexo, relaciones personales… y además las has enlazado unas tras otras como si fueran un islote en el transcurrir de esta suerte de río que es El Círculo. ¿Hay algún simbolismo en ese orden?
K: Cuando empiezas a elegir el orden de las canciones buscas darle un sentido. Lo concebí como una trilogía: primero el sexo, luego el hecho de conocer a una persona, enamorarse pero no querer enamorarse, querer huir y la tercera es ya el amor maduro, llevar años de relación tener recuerdos en común. Los temas encierran hasta un orden cronológico, si te fijas. Se intenta trabajar con esa idea, darle un sentido, cuando creces escuchando discos hechos así tiene su sentido. Aunque era una rallada unir el electro de “Mitad y Mitad” con el surrealismo de “Mazas y catapultas” y “Amor sin cláusulas”.

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EMOCIONES Y TUÉTANOS

HHL: El fluir de “Basureta” me tiene desconcertado.
K: Cuando ensayaba el tema habían ciertas frases que me emocionaban. Luego ya fue la idea de entrar en el trance de recordar las movidas que iba a recitar y al final entré. Con “Basureta” y con “Guapo tarde” lloraba, directamente. Quizá “Guapo tarde” no estaba tan al borde del llanto, pero tiene sus momentos emocionates. No son temas que pudiera rapear frío. Traté de hacerlo así, pero parecía un narrador, perdía dicción…también te digo que no tuve mucho tiempo para concretarla. “Basureta” fue de los últimos temas que grabé, para mí era uno de los temas del disco, de los más fuertes. Tenía que sacarlo. Fue natural.

HHL: Y ahora que el disco está la calle y se han colapsado los puntos de venta, que has cancelado firmas de discos, que estás colgando el cartel de “no hay entradas” cuando el disco no llevaba ni semanas en la calle ¿sigues albergando ese temor a fallar?
K: Obviamente ya no tengo tanto miedo y recibo todo esto con mucho agrado. Me metí en una dinámica depresiva muy jodida y ahora toca recoger los frutos y dar la bienvenida a todo lo que pase. Tenía un cabrón dentro de la cabeza que me decía que se acabaron ls bolos, que iba a tener a la gente en mi contra…unas cosas terribles las que me decía ese cabrón. Creo que a veces, por mantenerte humilde, te pasas en tu idea de mantenerte abajo, de manera que luego cualquier alegría es superior porque te has puesto en lo peor de lo peor. Es un error que muchos cometemos, el aterrarnos sin motivo, escuchar sólo a los fantasmas y no a la voz de la neutralidad, no ya la positiva. No es fácil gestionarlo, porque al mismo tiempo este sufrimiento es un raro placer, un bucle, un desastre. Igual que odio esa época de creación también la estoy agradecido, porque como te decía, antes de empezar el proceso estaba en plan, ¿ pero de qué voy a hablar? ¿De que soy el super ráper con las súper tecnicas? No me apetece porque lo llevo haciendo 20 años. Así que después del sufrimiento, todo esto se recibe bien. Ya da igual si el disco no gusta todo lo que se esperaba, la mayoría está receptiva. Siempre habrá gente jodida que esperaba otro disco, pero es su problema.

HHL: ¿Cuál es la actualidad de Violadores del Verso? Viendo lo que has tardado en hacer El Círculo, e intuyendo es el proceso creativo de varias personas parece que no vamos a escuchar nada nuevo hasta dentro de mucho tiempo.
K: Cuando hicimos el paréntesis no pensamos que sería tan largo, pero por otro lado somos lentos con las creaciones. No nos hemos puesto una fecha de vuelta, estábamos pendientes de mi disco, de ver qué pasaba. Pero también hay que decir que en este impás, Hate se ha escrito otro disco que debería salir este año. Hay que esperar una buena fecha para el lanzamiento y después de eso, quizá sí se puede sentar uno a pensar en un nuevo disco, ya puedes escribir y guardarte letras para el nuevo disco. Y ya sólo queda que los astros se alineen, que hayan ritmazos, todos producidos por Rumba para que tenga el sonido de Violadores. Fue muy bonito reunirnos para grabar “Rap Superdotado”, ver cómo cuando nos juntamos somos Violadores, es nuestro estilo propio, nosotros lo sentimos así. Y trabajar en grupo es muy agradecido. Venir de tomar todas las decisiones musicales, la portada, de todo tipo es muy jodido. Y acaba uno pagando psicólogos (risas). Con Violadores haces tu cacho y si no brillas tú brilla Lírico y si no brilla Hate, se comparte el triunfo, la derrota, y se echa de menos eso, claro. Pero aún queda disco y gira mía, disco y gira de Hate

HHL: Te fuiste a Colombia para curar una depresion. ¿Ya es cosa del pasado? Y de ser así, ¿no toca regresar a España o le has pillado el gusto al país latinoamericano?
K: Yo me fui a escribir el disco a Colombia, ese era el plan. Y ya está hecho. Por el camino hemos fundado la marca Javato, hemos abierto una tienda en Medellín, otra en Bogotá y ya vamos a estar vinculados a Colombia por mucho tiempo. Pero claro, yo tengo la gira en España, y me vendré con todos los bártulos. Estaré por Colombia un par de meses, pero sí, la casa la dejo. Yo he estado yendo y viniendo, he sido más intermitente, pero mi chica es la que más “paisa” se ha vuelto, pero va a tocar volverse, será duro. Se va a echar de menos.

HHL: ¿Qué diferencias encuentras entre tu vida en Colombia de tu vida en España?
K: He vivido varias experiencias de repente, como son vivir en otro país desconocido para mí y vivir en el campo. Vengo de la ciudad y el cambio es notable. Allí he estado aislado de todo el mundo, poca vida social. Allí tienes la impresión de que hay más libertad, las leyes no te asfixian ni la policía te está buscando las cosquillas todo el rato. Todo tiene su parte buena y mala, pero lo natural prevalence, si no molestas a nadie puedes sacar y hacer lo que quieras, hay una esconomía del día a día. También al hacer calor se puede decir que todo va con el clima. Luego repasas el dicho “trabajar para vivir, vivir para trabajar”  y te das cuenta que aquí, en España trabajar te da la seguridad, tu sustento, pero allí la vida es más despreocupada. En ese sentido, si llevas una vida viviendo en Europa, con esta mentalidad, hay cosas que rompen tus esquemas, tu canon del orden. A veces lo ves como algo divertido, sabes que existen otros trenes de vida, pero lo ves como una película. De todos modos no he llevado esa vida de “paisa” que se espera por vivir en Medellín, me he dedicado a escribir. Estaba sin apenas internet, a mi bola. Pero también hay que decir que regresas y relativizas más las cosas. He llegado y me he encontrado a todo el mundo hablando de política, es un deporte muy aburrido. Mi contacto con la naturaleza ha sido real, algo que no puedes realizar en la ciudad. Luego llegas aquí y ves todo ese estrés por estar pendiente de la pantalla, por ver quién te ha escrito. Ojo, yo también lo uso, pero a veces da un poco de asco. Recomiendo aparcar un poco todo eso, irte al campo y ver las cosas reales. Eso relaja y te hace sentir persona. Todo lo demás, es un poco loco, te hace un poco psycho. Es un estrés y lo es para nada.

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