Prince: Diez canciones imprescindibles

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“Sometimes It Snows In April” es el título que cerraba en 1986 aquel maravilloso paisaje sonoro que fue “Parade”. El pasado 21 de abril, el repentino e inesperado fallecimiento del hombre que trascendió los límites del concepto de artista y que probablemente fue el gran revolucionario que la música necesitaba cuando en los ochenta algunas ideas se fueron agotando, nos dejaba a tod@s huérfanos. Su legado no consta únicamente de un buen puñado de vibrantes canciones. Eso es para los simples mortales. Prince fue mucho más que eso. Fue y será siempre revolución, magia, fantasía, rebeldía y, sobre todo, virtuosismo y genialidad, aunque mucho me temo que también estos calificativos puedan quedarse demasiado cortos al tratar de ponerle palabras a lo que realmente representó su figura. Y daba lo mismo que en los últimos años sus trabajos fueran categóricamente menores en relevancia. Siempre encontrabas algún saliente, alguna joya, a la que asirte, superior al común de los artistas, y que te permitía sacar pecho y seguir afirmando que continuaba siendo el más grande. Porque es cierto que algo se paró el pasado jueves en Paisley Park. Porque, tal vez sea cierto, que, como él mismo nos avisó, “A veces nieva en Abril”. Y este Abril ha nevado púrpura. Definitivamente.

NOTA: artículo publicado originalmente el 23 / 4 / 2016

Nota aclaratoria: Dada la lucha que Prince tenía por el control de toda su obra en contra de todas las discográficas y de los canales habituales de reproducción, nos encontramos con que muchas de sus canciones no están disponibles en Youtube. Hemos tratado de enlazarlas igualmente en otras webs. Disculpad las molestias.

1. I’m Yours (For You, 1978)

Así finalizaba el álbum debut, allá por el año 1978, de un chico de apenas 20 años que sorprendió al mundo, no sólo tocando todos los instrumentos, sino también componiendo, arreglando y produciendo. ¿El sonido? Funk aguerrido, sucio, con tintes rock e influencias marcadísimas de Hendrix, Sly Stone o las bandas de George Clinton. “I’m Yours” ofrecía ya esa querencia guitarrística notable manifiestamente relevante en los riffs que la dominan, que posteriormente fueron santo y seña de su carrera y que aquí se completan con unos solos de esos “made in Purple Genius”.

2. Do Me, Baby (Controversy, 1981)

De “Controversy”, su álbum de 1981, podía haber elegido su composición homónima, un recalcitrante estallido funk/pop en la onda de los mejores Parliament/Funkadelic. Lo que ocurre es que el mejor Prince baladista irrumpe con fuerza en esta joya llamada “Do Me, Baby” y es sumamente complicado no prestarle la correspondiente atención. Canción desnuda, deudora de las mejores baladas del soul elegante y armónico de finales de los sesenta y principios de los setenta, para rematar coronada por ese falsete tan reconocible, capaz de derretir el iceberg más firme y conmover el corazón más gélido. Pura sensualidad…y sexualidad.

3. 1999 (1999, 1982)

Con “1999” el Príncipe de Minneapolis sigue revolviendo en los baúles de la Gran Música Negra, actualizando sonidos bizarros de los legendarios chicos malos del funk. Básica en su discografía, a caballo entre el funk sintético y el pop pegadizo y comercial que se hacía por aquella época y que Prince sabía tratar para llevarlo a otro nivel. A resaltar, el uso de esos sintetizadores tan característicos, con un papel netamente protagonista y la ambigüedad sexual calculada que ya gastaba por aquellos tiempos y que fueron norma en su trayectoria, sobre todo en los años ochenta.

4. Purple Rain (Purple Rain, 1984)

Sí, ya sé que es obvia, demasiado obvia, pero es que, aparte de ser una de las cumbres de su carrera, Prince es “Purple Rain” y “Purple Rain” es Prince. Es su indisoluble identidad, su inherente esencia. En ella está representada toda su magia y sin ella no sobrevivirían las radiofórmulas que ven un recurso recurrente en esta obra mayúscula. Maravilloso híbrido entre soul y rock con algún tinte gospel, con esos lamentos vocales estremecedores en la segunda parte del canción, tras un espeluznante y desgarrador solo de guitarra. No hay mucho más que añadir. El resto es historia.

5. She’s Always In My Hair (Cara B del single “Paisley Park”, 1985)

Una de esas rarezas comunes en la carrera de un genio extravagante y maniático como nuestro protagonista. Un auténtico trallazo directo al hígado que no fue incluido en su momento en ningún disco sino como la cara B del single “Paisley Park” que formaba parte del track listing de su aclamado “Around The World In A Day” en 1985. Más riffs de guitarra, potencia, expresividad y una suficiencia insultante. Posteriormente brillantemente versionada por D’angelo, entre otros.

6. The Ballad of Dorothy Parker (Sign ‘O’ the Times, 1987)

Una de las canciones más deliciosas y elegantes de su carrera. Pujante y destacada línea de bajo, medio tiempo carnoso, infeccioso y esas notas de teclado eléctrico por detrás que suenan disonantes adrede justo en el momento exacto. Jugueteando además con el desdoblamiento de su propia voz, tenemos otra obra de indescriptible envergadura, trascendencia y poso en generaciones venideras. En cierto modo, precursora de lo que luego se conoció como neo-soul. Prince madura y quiere que el público tome conciencia de ello. Seda.

The Ballad Of Dorothy Parker

7. Alphabet Street (Lovesexy, 1988)

Y, de nuevo jugando con la ambigüedad sexual desde una portada donde aparecía completamente desnudo entre flores, un transgresor Prince publicó en 1988 un “Lovesexy” que incluía como segundo corte este conocido “Alphabet Street” y que pone sobre el tapete una de las razones manifiestas de su éxito: su capacidad de adaptación comercial. Se acercaban los noventa y ya se deja mecer por los encantos del R&B contemporáneo. Cierto deje New Jack Swing, algo de rap, expresividad rítmica y hasta elementos brasileños. Otro ejemplo de cómo sacarse de la chistera un producto comercial digno y pegadizo que haga bailar sin perder un ápice de calidad.

Alphabet Street

8. Sexy M.F. (The Love Symbol Album, 1992)

Prince se calza las botas de hijo bastardo de James Brown y nos ofrece una perfecta maquinaria engrasada e infectada de funk militante, un dignísimo compendio orgiástico-instrumental, una máquina de tren cuesta abajo y sin frenos, continuación sin ambages de aquel “Super Bad” con el que el Padrino del Soul nos obsequiara en los años setenta pero con un carácter de jam jazzística más marcado. Todo acompañado con rapeados y recitados varios, adaptados a lo que el mercado demandaba en aquella época. Un rompepistas.

9. The Everlasting now (The Rainbow Children, 2001)

En 2001, el artista de Minneapolis se rodeó de un magnífico núcleo de músicos de jazz y funk para sacar un disco de esos llamados conceptuales, homogéneo y compacto que traía joyas gamberras y bailables como este “The Everlasting Now”. Por ahí se escuchan las líneas de bajo del mítico Larry Graham, esa batería hipnótica de John Blackwell y un Najee desatado que no ha tocado así en sus discos en su puñetera vida. Los HornHeadz aderezan el resto con sus metales abrasivos. Por supuesto, no podría faltar su guitarra que, en esta ocasión, se disfraza de una especie de Carlos Santana en versión negra. Despiporre.

The Everlasting Now

10. A Case Of You (A Tribute To Joni Mitchell, 2007)

Cuando me propuse hacer esta lista, tenía claro que no podía ser una lista convencional como la que los grandes medios iban a sacar. Algunos referentes como “Purple Rain” tenían que estar, pero quería dar voz a alguna de esas joyas escondidas que en la carrera de Prince han sido tan habituales. Una de ellas es esta apabullante versión del “A Case Of You” de Joni Mitchell de la que hasta una persona no familiarizada con el soul puede hacerse una idea aproximada de lo que supone esta música. Él al piano, su falsete y una instrumentación sencilla. A veces no hace falta más.

 

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