ZetaZeta. “Los sonidos del caos”

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El rapero de Medellín Zetazeta presentó Sinfonía Para Cuerda Floja, su cuarto trabajo como solista. Habló sobre el poder del cambio, cómo vive su ciudad y más.

Texto por Santiago Cembrano. Fotos archivo.

“Son 12 años caminando en contravía”, rapea ZetaZeta en “Rancho Aparte”, el primer corte de Sinfonía Para Cuerda Floja. El nuevo disco del rapero de Medellín, Colombia, empieza recordando el tiempo que le ha dedicado ha dedicado a forjar su camino, más allá de presiones sociales o familiares. Su camino es el suyo, uno que ha construido ladrillo por ladrillo, por lo que no busca alejarse de él –de su misión, de sus prioridades– sino consolidar un espacio a su gusto y comodidad.

Sinfonía Para Cuerda Floja es el cuarto disco como solista de ZetaZeta. Después de Galería De Sombras (2008) –un debut adolescente– fundó Moebiuz, un estudio imprescindible para entender el rap de Medellín y Colombia en su etapa reciente; a partir de ahí se embarcó en el proyecto de Gordo Sarkasmus junto con Granuja, y publicaron varios discos, siendo Herejías (2015) el más destacado. En 2016 retomó su carrera como solista con La Bomba de Ziroshima, un disco ampliamente aceptado como uno de los mejores discos de rap colombiano –y en español, podría añadir un intrépido– de la década pasada.

Hasta entonces había rapeado bajo el nombre de Zof Ziro y había construido un sonido de boom bap lleno de letras cínicas, críticas y competitivas, con un toque visceral que les daba más intensidad a sus canciones. En 2018 publicó Infinito, ya bajo el nombre de ZetaZeta, y con ese cambio de identidad vinieron también un estilo y sonido distintos, orientados hacia el trap (viraje que ha causado polémica entre sus seguidores).

Sinfonía Para Cuerda Floja, estilísticamente, transita entre el rap (“Rancho Aparte”, “Maneje Los Tiempos”, “Mezclar Chorros”) y el trap (“Medallo Con Mar”, “La Costra Nostra”, “Llórelo”), entre el fraseo seco y las melodías (“14 con 9”). Producido en su mayoría por el mismo ZetaZeta (bajo el pseudónimo de Chef Guevara), y con aportes de Juan Sinatra y El Jose y Ryvaz.

Sinfonía… muestra que el repertorio de ZetaZeta se amplía desde lo más sintético hasta un sentimiento más orgánico. En las letras, por su parte, ZetaZeta aborda lo que ha hecho en su carrera y lo que todavía quiere (“Más de lo que pensé, menos de lo que quiero / Negro bueno sin miedo en callejón oscuro / Exceso de nada nos hizo así, buscando el botín”, rapea en “Maneje los Tiempos”), sus opiniones y valores respecto a cómo afronta la vida (“Parto el pan, las neas comen con gula / No quiero una tola, quiero una tula / Ayudar al mío, pa qué rico a solas”, sentencia en “Rancho Aparte”) y anotaciones etnográficas sobre cómo es la Medellín que habita (“Esto es Colombia, no otro lado, se pone feo / Si abre la boca, le arman el lio, acaba en un río / El ritmo de fuma, le da mareo al europeo / El ritmo de rimas es muy pesao, mucho pasmao”, expresa en “Medallo Con Mar”).

De cierta forma, se puede entender Sinfonía Para Cuerda Floja –que tiene como invitados a Thomas Parr, Doble Porción y Granuja– como la versión 2020 de lo que pasaría si se unieran La Bomba de Ziroshima e Infinito; no solo por abarcar rap y trap, sino también por los distintos ánimos que muestra. Para entender más del proceso del disco, las ideas que lo sostiene y quién está en la cuerda floja mientras la sinfonía suena, hablamos con ZetaZeta, que se define en el disco como “Colino en entrevistas, fumo con el taxista / Buen pana, poca amistad, parcero de las costras / Rapeaba hasta en el ruido de la lavadora / Dice el dealer que no me dura”.

AL FILO

HIP HOP LIFE: ¿Por qué el nombre de Sinfonía Para Cuerda Floja? ¿Quién está en la cuerda floja y qué papel juega esa sinfonía ahí?

ZETAZETA: En la cuerda floja están el mundo, el país, mi ciudad. Todo está como al filo, diseñado para contaminar, para llenar de basura todo y para lograr fines económicos. Todo es para lo mismo: mentirle al público, vender comida de mala calidad, incentivar cosas nocivas y satanizar cosas que no son tan graves. Esa es una forma de pensar que está presente en el mundo, y el disco es un reflejo de cómo veo yo que están pasando esas cosas.

Aparte de ser un disco muy callejero, es también como clasudo. Por eso el nombre es como si fuera una obra de música clásica, pero traída pues a esta época. Al final, la música que escucho es cómo me siento yo, y cómo me siento yo puede ser cómo se sienta alguien más. El disco puede ser una especie de banda sonora para el caos.

HHL: ¿Cómo fue el proceso del disco? ¿Cómo te sentiste haciéndolo? ¿Qué historias hay detrás?

ZZ: El proceso del disco fue muy natural. Lo hice con calma, tomándome mi tiempo, pero siempre haciendo los temas. Me iba enamorando de los beats que escuchaba o que iba haciendo. Los que son en producciones de otros, como el de Ryvaz, pues salió un día cuando fui la casa de él; asimismo un día con Wonder, un día con Juan Sinatra. Y bueno, se fueron dando las cosas.

Me sentí melo. Fue muy fácil de hacer y camellarlo fue muy chimba porque todo fue muy entre panas. Todos los que participaron son gente con la que tengo una buena conexión y eso fue muy chimba. Camellar todos los temas fue melo.

Hay un montón de historias detrás, pero, por ejemplo, mientras hacía el disco participé en una película por primera vez, con una productora hawaiana, compuse un tema pa’ una orquesta de salsa que se llama La Eterna, me llegó la primera plaquita de YouTube de los primeros 100.000 subscriptores; y así.

DOCE AÑOS EN CONTRAVÍA

HHL: “Son doce años caminando en contravía / ahora me copian los que antes no creían”, dices en “Rancho Aparte”. En “La Costra Nostra” dices que “nadie nos va a decir cómo / nadie nos va a decir cuándo”. Es como un grito de libertad y una reafirmación de tu voluntad, de que este es tu camino y de nadie más. También se siente como una reflexión sobre toda tu carrera. ¿Cuál ha sido el resultado de caminar en contravía hasta este cuarto disco?

ZZ: Ir en contravía me ha dejado una satisfacción una chimba. He podido explorar todo lo que he querido hacer y al mismo tiempo he cosechado un público sin buscarlo mucho. Me pone a pensar que, cuando yo empecé a hacer rap, también era ir en contravía con lo que se escuchaba en ese momento, con lo que la familia pensaba. Y así es un poco como ven los raperos más puritanos hacer trap hoy, lo ven como un delito. Yo siempre he tratado de mostrar una visión de la música particular. Ni el rap ni el trap que he hecho han sido de una forma típica o básica de hacerlo. Me parece chimba poder mostrar una forma particular de ver la música.

HHL: “Hago mi rancho aparte. Ya no me inviten a esa vuelta y a esos parches si solo van a drogarse”, rapeas en “Rancho Aparte”. En general planteas una distancia: tienes algunos amigos, pero no quieres saber mucho del resto de gente que anda por ahí. ¿Crees que es natural en la vida o cómo ha sido ese proceso?

ZZ: No creo que plantee una distancia en el disco, o no más de la natural. Yo creo que hay textos en los que me acerco a mi familia y a lo que pienso del país, y eso en cierta forma es pensar en el otro, ¿sí o qué? Tengo panas de hace rato y unos nuevos, entonces no es que no quiera saber de nadie más.

Lo que estoy diciendo más es que, creativamente, quiero hacer las cosas a mi modo y trabajar con quien sienta buena energía. Eso sí me parece pues como un proceso natural, lo natural es uno buscar estar mejor con el arte que uno hace, ¿no?

MI MEDELLÍN

HHL: En el disco hay apuntes constantes sobre Colombia y Medellín, análisis sobre la violencia que hay por acá. “Esto es Colombia, no otro lado, se pone feo / si abre la boca, le arman el lío, acaba en un río / el ritmo de fuma, le da mareo al europeo / el ritmo de rimas es muy pesao, mucho pasmao”, dices en “Medallo con Mar”. En “Mezclar Chorros” también hablas de la ciudad y la describes como un espacio muy caótico. ¿Cuál es tu análisis de cómo está la ciudad hoy y cómo te relacionas con ella?

ZZ: Yo la describo como caótica porque es así. Hoy la veo en cuarentena, aunque la gente no la está respetando mucho, y quién sabe hasta cuándo va a ir. Eso cambia la dinámica de la ciudad, casi todo está súper quieto. Antes de eso, lo que dice el tema de “Mezclar Chorros” es verdad: es una cara de Medellín que ha estado ahí desde que tengo memoria, contada desde un punto de vista fiestero, como quien le encuentra gusto al caos. Me relaciono con ella todo el tiempo: me gusta la ciudad y andarla; me gusta la forma en que la gente lucha por sus cosas; también todo lo bonito que tiene y que los turistas también conocen pues, pero también me gusta conocerle la otra cara; me gusta por conocerle la otra cara.

HHL: En “Funk U” dices “el día menos pensado, montado. Mirando pa adentro loco, no al de al lado”. Una temática del disco es tu búsqueda de ese éxito económico también, a la vez que, como lo indicas desde “Rancho Aparte”, te alejas de estar todo el tiempo rodeado de los demás y del qué dirán y de mirar qué hacen los demás y te preocupas por ti. ¿Puedes hablarme más de ese estado mental y de cómo has llegado a él?

ZZ: Perro, llegué a pensar así por todo lo que me ha pasado en la vida. Pensar en plata me parece que es algo normal, al menos si uno paga todos sus gastos, porque cuando empezamos éramos pelaos y no lo hacíamos. A mí me gusta que la música que yo hago se parezca a la vida, que sea como un retrato del momento que estoy viviendo, o al menos cómo veo yo ese momento. Y asimismo hablo de todo en el álbum, no solo de eso. Y de que ya no me rodeo tanto de otros, es verdad, antes estaba más en la calle. Nunca he sido el que mira la carrera del otro pa’ hacer la mía, y ahora menos. Estoy diciendo mi forma de pensar.

MIL Y UN CAMBIOS

HHL: En “Maneje Los Tiempos” de cierta forma te defines: “Más de lo que pensé, menos de lo que quiero. Negro bueno sin miedo en callejón oscuro. Exceso de nada nos hizo así, buscando el botín” y “Colino en entrevistas, fumo con el taxista, buen pana, poca amistad, parcero de las costras. Rapeaba hasta en el ruido de la lavadora. Dice el dealer que no me dura”. En particular me llama la atención esa primera línea: ¿hasta dónde pensaste que podías llegar con la música y ahora a dónde quieres llegar?

ZZ: Al principio, las aspiraciones eran súper modestas. Estábamos muy pelaos y el rap no era lo que más se escuchaba por ahí. Nosotros ayudamos a que se fuera haciendo el boom y que ahora más pelaos se quieran dedicar a eso, pero antes no era como muy así, el rap estaba muy dormido acá. Y la familia pensaba como no, a este pelao eso no le va a dar más que problemas. Yo también al principio pensé que me iba a dar problemas, que uno lo hacía porque le gustaba mucho rapear, y ya. Después empecé a verlo diferente, y se fue poniendo más serio, fui conociendo más gente y me di cuenta de que era el camello mío, el proyecto mío de vida. Ahora quiero llegar hasta donde pueda, no hay un límite.

HHL: Por momentos muestras todo lo que sigue constante en tu vida, pero también reivindicas el cambio. En “Que Parezca Concierto” dices “cambié mil veces, ahora digo: menos mal”. ¿Cuál es el poder del cambio para ti?

ZZ: Es un poder muy grande, es fundamental si usted quiere lograr cosas grandes también. No tener miedo es el poder para cambiar, y el miedo no trae nada bueno. Ni el miedo al futuro, que lo llena a usted de ansiedad, ni el miedo a hacer algo que uno quiere porque de pronto a alguien no le gusta o va a opinar mal, porque pues usted se estanca.

Realmente a todo el mundo le da miedo, pero lo que importa es lo que usted hace con él. Parce, si usted ve que otro le está ganando, solo hay dos posibilidades: o usted se vuelve mejor o usted se vuelve mero hater tratando de tumbarle todo a ese man. Obviamente hay que tratar de superarse, que chimba que todo el mundo fuera así. Me parece que el cambio puede ser algo muy chimba si uno siente que lo necesita y que es bueno para uno.

LA BÚSQUEDA CONTINUA

HHL: En “La Cola del Diablo” hablas también de que sigues en la búsqueda, todavía no te las sabes todas. ¿Cuáles son esas preguntas que te sigues haciendo a medida que sigues haciendo música y pasan los años? ¿Dónde crees que puede estar esa verdad que sigues buscando?

ZZ: Es más como que sigo cambiando de forma de pensar, pero sigo queriendo lo mejor para la gente que me rodea, teniendo presente a mi familia. Preguntas tengo un montón, casi todas como existenciales. Yo creo que la verdad no es subjetiva si uno habla de hechos puntuales, ¿sí o qué? Pero si se trata de decidir cómo va a ser la vida de uno, lo mejor o lo peor es subjetivo. Entonces sigo aprendiendo.

HHL: Este es tu segundo disco en que haces ritmos de trap, luego de Infinito. ¿Cómo te sentiste en ese aspecto esta vez? ¿Es más fluido luego de ya conocer ese color? ¿O es lo mismo?

ZZ: Sí, fluye mejor porque he hecho muchos ya. El trap, como el rap, es un género, no un color. En el trap hay también un montón de colores, como en el rap. Yo creo que “Llórelo”, por decir, es diferente a “La Cola del Diablo” o a “14 con 9” o a “Medallo Con Mar”, todos son colores diferentes. Van por una línea, pero son colores diferentes.

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