¿Basket para todos?

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Texto publicado en el Número 20 de Hip Hop Life
Texto por Jose Ajero
Fotos Archivo
¿De vacaciones en NYC? Qué bien. Podemos ir a un musical de Broadway, al MoMA, al Metropolitan, pasear y, por qué no, a un partido de basket. Dicen que es la meca. Mejor, invierte tu dinero en otra cosa, porque el estacazo puede dejar la tarjeta de crédito más tiesa que un gato de escayola.

CANCHAS BLANCAS
Febrero es el mes en que la NBA rinde homenaje a los afroamericanos. Se llama el mes de herencia, y mola. Cada descanso, se suele tener un guiño con la comunidad negra de la zona y contar la vida de Rosa Parks o MLK en los videomarcadores. Insuficiente, pero un detalle. La verdad es que está bien porque, en la mayoría de los casos, los afroamericanos no son los que reciben el mensaje. Ya les gustaría a ellos tener pasta para poder pagar una entrada. Y es que es lo que hay. La NBA es un deporte que en un 80% juegan negros, pero que en la cancha, disfrutan blancos. No hay datos ciertos sobre la diferencia en las gradas entre blancos y negros, pero se me antoja tan grande e inversa como la de las cárceles de los States. Sólo algunas canchas, las peores en asistencia de toda la liga, pueden presumir de un público negro, en mayor medida. Atlanta y Memphis, al margen de ser zonas de alto porcentaje de población negra, ofrecen entradas de entre cinco y diez dólares para que se les llene la cancha. No lo consiguen, pero al menos los chavales con menos posibilidades pueden ver a sus role models en acción. Y es que la asistencia a las canchas NBA sigue bajando, a la vez que las franquicias hacen caja. ¿Por qué? Porque venden menos, pero más caro. Ahora, si no estás en primera fila de una cancha cool no eres nadie. Si no te luces como Spike Lee o el tío Jack Nicholson, estás muerto. Es más, para muchos, es como un anuncio en la televisión. Un plano, de pie, al borde de la línea, aplaudiendo a Kobe Bryant, nos recuerda que Dustin Hoffman no había muerto. Y es un ejemplo. Porque también te lo tienes que plantear como farde, como alarde. Si no, que se lo digan a Rick Ross y su mecenas, P. Diddy, cómo se enseñaban en Miami.

CIFRAS ASTRONÓMICAS
Y así es como este año batimos récord de precio medio por entradas. De cómo para partidos entre los mejores, los mil pavos de media no te los quita nadie. Eso fue lo que costaba entrar a la cancha de los Lakers para ver a los campeones contra los Miami Heat de LeBron James, Dwyane Wade y compañía. Era la guerra de los mundos, por eso, la cifra en la Gran Manzana cuando los Heat -los nuevos Beatles, según ellos- llegaron a la ciudad se quedó en 300 dólares. Ojo, porque en Houston, lugar de destino de muchos dólares últimamente, se pagó hasta 350. En esos precios, realmente, el mejor basket del planeta se convierte en algo inabordable para los consumidores de este deporte. O peor aún, los que tienen que ser modelos de otros para que las calles no devoren todas las esperanzas, son sueños inalcanzables de televisión. Pero oye, esto es Estados Unidos y nada de esto va a cambiar. En la NBA no entienden de razas. Sólo buscan gente que pague las entradas, sin importar que sean verdes, rojos o amarillos. Lo malo de todo, como siempre, es que quien sí entiende de razas, es la pasta. Por eso, los que tienen menos llenan sus cárceles y los que más tienen, sus estadios.

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