El sonido perfecto. Por Menikmático

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Mucha gente me escribe preguntando por consejos para conseguir el sonido perfecto, qué plugins utilizar, qué monitores comprarse, qué tarjeta de sonido suena mejor, qué micro saca más sonido “RAP”, cómo hacer que las baterías suenen más potentes… Y creo que se suelen llevar una decepción la mayoría de las veces, porque no tengo respuestas concretas a esas preguntas. En el sonido, como en la vida, “todo es relativo”.

Hace tiempo me llamó un buen amigo preguntándome si le recomendaba un u87 para su home studio (es un micro muy, muy caro) y yo le dije evidentemente que no, y mi argumento fue que no iba a notar diferencia con un micro mucho más económico porque lo realmente importante no es con qué grabas, sino “qué grabas”. Esto es algo que me ha costado mucho reconocer y entender del todo, pero es así, y se extiende a todo lo que tiene que ver con el sonido: la importancia de “la fuente”.

Cuando estábamos trabajando Dani y yo en El viaje más largo le pedimos a Sonal que nos enviase una prueba de su colaboración y envió una pista que grabó en su casa. Al escucharla flipamos porque nos encantaba, pero lo realmente espectacular fue que lo había grabado con el micrófono de su ordenador portátil, y realmente sonaba súper pro. Estoy seguro que si lo hubiésemos sacado tal cual habría pasado desapercibido, por eso cuando algo suena mal, sonará mal (o, con mucha suerte y habilidad, menos mal), ¡pero cuando algo suena muy bien solo puede mejorar!

La mezcla es un apartado fundamental después de la grabación, es el arte de fundir los diferentes sonidos de un proyecto y hacer que suenen como uno solo. Es una tarea tremendamente creativa y laboriosa, no se trata de subir y bajar volúmenes, de ecualizar o aplicar plugins; es crear un equilibrio y hacer que todo fluya en armonía, es un proceso infinito que podría durar años, nunca se termina una mezcla porque siempre se podrían hacer más cosas. Lo importante es saber cuando parar. Pero si hay algo que realmente hace daño a la calidad del sonido es la fe en el master. El mastering no hace milagros ni arregla una mezcla mediocre; la calidad que tiene un tema a nivel sonoro empieza en la grabación y acaba en la mezcla, el Master es un complemento, pero no debería ser decisivo. Todo esto son reflexiones personales, pero si hay algo realmente importante para aprender a sacarle jugo al sonido es “escuchar”, saber descomponer un tema y descubrir sus matices, entender cómo suena y apreciar los detalles. ¡Así es como se aprende!

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