Martín A. Biaggini. “Paredes del Conurbano”

En “Paredes del conurbano. Arte, política y territorio” (Colección Alto Guiso, Editorial Leviatán), se diserta sobre un concepto complejo que va más allá de las delimitaciones espaciales, tejiendo identidades interrelacionadas en el tiempo con hechos históricos.

Charlamos con uno de los coautores del libro, Martín A. Biaggini, indagando en lo que expresan las paredes, abriendo una puerta de entrada a un laberinto de voces y experiencias, a través de las cuales habla el territorio por medio del grafiti, las pintadas políticas partidarias, los murales y los esténciles, dando forma a una narrativa visual cargada de sentidos.

Texto por MC Alberto.  Fotos por Martín A. Biaggini.

EL ARTE DEL PUEBLO 

HIP HOP LIFE: Martín, “Paredes del conurbano. Arte, política y territorio”, está escrito junto a otros autores; cuéntanos cómo se desarrolló y qué queríais transmitir y plasmar en este proyecto.

MARTÍN A. BIAGGINI: El libro “Paredes del Conurbano” reúne a diferentes escritores, investigadores y artistas del conurbano de Buenos Aires en Argentina, quienes tenemos un denominador común, transitar este espacio de suburbio desde distintos puntos de vista. Entre ellos podemos nombrar a Fabián Banga, Alejandra Luciani, Laura Itchart, Gabriela Alonso, Félix Torrez, Ana Levoratti, entre otros. La idea es que, justamente, esos diversos puntos de vista confluyeran en un mismo diálogo. Esperemos haberlo podido lograr.

HHL: Se denomina “conurbano” al área poblada que rodea a una ciudad importante, conformada por pueblos o ciudades políticamente autónomos con respecto a la principal cercana…

MAB: Sí, como en varias partes del mundo, las ciudades dejaron de ser simplemente ciudades, y su crecimiento tanto demográfico como edilicio, hizo que crecieran hacia sus costados, con un efecto que en geografía se lo conoce como “mancha de aceite”. En ese caso el crecimiento incorpora otros distritos. En muchos de estos casos ya no se habla más de “ciudades” (polis) sino de megalópolis. O sea, no una ciudad simple, sino una a la que se le deben incluir otras jurisdicciones las cuales interdependen de la ciudad principal. En el caso de Buenos Aires, hablamos del AMBA, Área Metropolitana de Buenos Aires, que incluye a la ciudad misma como así también a todos los municipios que la rodean.

HHL: ¿La ciudad conurbana es un territorio de disputa?

MAB: Yo creo que todo territorio está en disputa. Los territorios, son mucho más que los espacios físicos o geográficos, incluyen a su gente, sus formas de vida, de relacionarse, de circular. Los territorios, los barrios, son espacios vividos, con reglas propias, colectivas, y en permanente cambio. Esas reglas, englobadas en la cultura, nos interpelan permanentemente. Las luchas entre los espacios privados y público, lo público como colectivo, etc. Fíjate que cuando un pueblo quiere manifestarse, sale a las calles y plazas para demostrar presencia, para ocupar espacios, para visibilizarse.

PINTAR NO ES UN CRIMEN

 HHL: ¿Cómo convergen en las paredes los conceptos de arte, política y territorio?

 MAB: Todo acto humano es un acto político, entendiendo a la política como el arte de tomar decisiones y el hacer desde una postura ideológica. Generalmente confundimos lo político con los integrantes de un estado o gobierno, pero hasta la más simple decisión dentro de un hogar es política. Desde esa base, el arte es sumamente político, aunque su búsqueda no sea más que estética, ya que la belleza, o la no belleza, también lo son. El uso de paredes públicas o privadas para realizar un mural o grafiti, es un acto político que no solo reivindica al grupo o artista individual, sino también condiciona la lectura que tenemos de la ciudad. De hecho, en Argentina hasta 1983 gobernaba un gobierno militar de facto, y estaban prohibidas las reuniones de varias personas en el espacio público, y por supuesto la intervención de cualquier tipo en paredes. Pintar una pared en época de la dictadura militar, podía ocasionar la desaparición y muerte de la persona.

HHL: ¿Qué distancia existe entre el grafiti, la pintada política y el mural?

 MAB: La distancia puede ser mucha o ninguna. En principio, en los tres casos existe una necesidad de transmitir algo, contar algo. Cada una de estas variables tiene su impronta que las condiciona. Sin embargo, muchos grafiteros comenzaron a estudiar Bellas Artes y a formarse académicamente. Y muchos académicos comenzaron a prestar atención al grafiti y otras intervenciones urbanas. En cuanto a la pintada política, muchas agrupaciones políticas utilizan el mural para transmitir sus ideas y muchos políticos “renovaron” su forma de realizar sus pintadas, contratando a grafiteros para que impriman su nombre en forma de “bomba” de grafiti. Como vemos, los géneros no son puros ni estancos, y en la calle, comienzan a interrelacionarse.

HHL: Cuando el hip hop aparece en escena en la década de los 70, ¿el grafiti adquiere otra dimensión? ¿Crees que el hip hop ha tenido un papel importante en la difusión del grafiti?

MAB: Creo que la cultura hip hop ha logrado aunar a muchas prácticas urbanas, que se daban en el espacio público, compartido, y logró que muchos jóvenes se sintieran parte de algo, se relacionaran y apoyaran. Y no solo el grafiti, hay otras actividades, quizás más deportivas como el skate, que si bien se discute si son parte o no del hip hop, en la práctica sí lo son.

HHL: ¿Hay diferencia entre el grafiti y el arte urbano?

MAB: El concepto de arte urbano comenzó a implementarse para englobar a una serie de expresiones artísticas realizadas en el espacio público, entre las cuales se incluye el grafiti. Obviamente existen “instituciones del arte” que son los museos, galerías, universidades, profesores y críticos, quienes “legitiman” y nos dicen qué es arte y qué no, y que arte es bello y cual no. Estos espacios de poder fueron cambiando. El mundo académico cada vez presta más atención al arte urbano, y muchos artistas urbanos incursionaron en el mundo académico. Muchos artistas visuales comenzaron a intervenir los espacios públicos, etc. Por su parte los grafiteros, organizados en crews, también logran legitimar su práctica aceptando códigos comunes, muchas veces endógenos.

 

LAS PAREDES HABLAN

HHL: ¿Cuándo pasa el muralismo a ser un documento histórico?

MAB: Toda práctica humana pasa a ser un documento para el historiador, cuando este necesita algún indicio humano. Antiguamente, la historia utilizaba como materia prima solamente documentos escritos, pero en la segunda mitad del siglo XX entendió que existían “otros” documentos. Desde el arte, los artefactos culturales, etc. En ese nuevo contexto los murales pasan a ser documentos, escritos sobre otro soporte, en este caso una pared o muro. La existencia de un mural puede ser leída desde muchos aspectos, sociales, políticos y hasta estéticos.

HHL: La ciudad es un espejo de quiénes y cómo somos, ¿todo lo que hay en un muro tiene algo que decir, expresa algo?

MAB: Los muros siempre hablan, solo hay que saber leerlos. Para algunas personas los grafitis son actos vandálicos, para otros ensucian la ciudad, y para muchos un signo de identidad y territorialidad. Un grafitero que conoce la zona en la que yo vivo, ve un grafiti y automáticamente sabe quién lo hizo, conoce su “bomba” y estilo. Esa experticia, que no surge de la formación académica, demuestra que el grafiti no es un capricho o un caso aislado, es una práctica, establecida, continuada y con códigos comunes. Cuando el poder hegemónico tiene algo que decir utiliza el estado, los medios masivos de comunicación, y todos los recursos que tienen a su alcance. Las paredes, y más que nada los muros abandonados, son el soporte del pueblo, del pueblo llano. En ese sentido una pared limpia, también dice cosas.

HHL: Me gustaría remarcar las páginas dedicadas a los murales homenajes a fallecidos, donde se visibiliza la tragedia y se construye en cierta forma una memoria colectiva al exponer algo de lo privado al espacio público…

MAB: Ese es un tema que me impactó mucho y me llamó la atención. Es una práctica que se dio en varias partes del país. Son murales figurativos, muy realistas, que muestran al fallecido, en general gente muy joven, de barrios humildes, abatidos por la policía o en algún accidente. El mural se realiza en alguna pared o esquina que tenga relevancia para los amigos y familiares. El lugar se trasforma en una especie de altar o lugar sagrado que recuerda al ausente. Su imagen queda plasmada para que todos puedan recordarlo, y hasta para retener su presencia. En el municipio en el que yo vivo, La Matanza, encuentras de esos murales por todas partes. Es un indicador visual de lo que acá sucede.

HHL: Tras toda nuestra conversación, se podría afirmar que, tal y como dice el filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard, ¿“los grafitis son tatuajes de la ciudad que forman parte de una escenografía mutante”?

MAB: Si, son tatuajes, y como todo tatuaje responde a una época y a una intención. Pero a diferencia de estos, los grafitis a veces con el tiempo desparecen y aparecen otros. Es como si una persona se pudiera tatuar y re-tatuar permanentemente. ¿Por qué las personas se tatúan? ¿Por estética? ¿Para dejar grabada en su piel un signo? Bueno, los grafitis son tatuajes colectivos de una ciudad, más allá de que fueran realizados individualmente.

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