MANTENLO PRIMITIVO [GHETTO BLASTER]

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Publicado en el Número 61 de Hip Hop Life
Texto por Jaime Valero
Fotos Archivo

Siempre me han dado mucha tirria los vocoders, los autotunes, las instrumentales sobrecargadas y demás excesos de la producción musical. No solo en el rap, también en otros estilos, y cuando me he parado a pensar en ello, me he dado cuenta de que la música que más transmite suele ser la más primitiva.

A medida que van surgiendo nuevas tendencias y corrientes dentro del hip hop, a medida que nuevos artistas dan rienda suelta a su creatividad dentro de eso tan impreciso que venimos a llamar vanguardia, la música se va enrevesando, los sonidos se vuelven más complejos, y poco a poco se va alejando de la esencia más básica del género. Lo mismo ocurre en el resto de estilos musicales, y gracias a ello el rock, el jazz, el blues, etc., nos siguen sorprendiendo. Sin embargo, a la hora de que una canción me emocione, me ponga la piel de gallina, nada funciona mejor que aquellas que cuentan con los ingredientes más básicos, ya sea por falta de medios, por la época en la que se grabaron o por la intención consciente de mantener esa pureza sonora. Flipo con multitud de canciones de rap que ven la luz hoy en día, pero pocas cosas me dan ese subidón de endorfinas como un buen loop de batería aderezado con una línea de bajo potente, un sampleo que enganche y un pavo rapeando a pelo encima, con voces de apoyo y punto, sin necesidad de efectos que le distorsionen o enmascaren la voz. Cabría pensar que es una cuestión de nostalgia, pues no deja de ser el rap con el que he crecido, por mucho que haya nacido a mitad de los 80 y muchos de esos clásicos los descubriera en una época posterior. Pero no se limita a eso. Tampoco he vivido los años 30 ni los 40, y el blues que más me flipa es el de la desnudez acústica de Robert Johnson, Elmore James y Lightnin’ Hopkins, entre tantos otros. Tampoco he vivido los 50, pero las artesanales grabaciones de Sam Phillips en Sun Records me enseñaron que no existe música más efervescente que el rockabilly de Charlie Feathers, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y (en una de sus muchas facetas) Johnny Cash, junto a uno de mis favoritos personales, Johnny Burnette, aunque él grabó para Liberty. Tampoco he vivido los 60, que pecaron un poco más de barroquismo lisérgico y muros de sonido a lo Phil Spector, pero de cuya década surgieron bandas que lo mantuvieron puro como la Creedence Clearwater Revival. Por aquel entonces unos cuantos iluminados de una isla remota comenzaron a dar forma al reggae más esencial. Y si hablamos de los 70, la inmediatez primitiva del punk, con Ramones y Sex Pistols a la cabeza. Y si hablamos de los 80, el rap primigenio de los Run-DMC y compañía. Haciendo todo ese repaso mental, he comprendido que lo que busco en la música no es la adscripción a un género determinado o a una forma concreta de ejecutarlo. Lo importante es que los músicos lo mantenga primitivo, transmitan sus emociones sin añadidos estilísticos de por medio, que escupan lo que tengan dentro de la forma más directa y honesta posible.

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