Shaquille O’neal. El único rey magnético original [Basket]

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Publicado en el Número 23 de Hip Hop Life
Texto por Jose Ajero
Fotos Archivo

¿Otro loco con pistola? Esperemos que no. Más que nada porque Shaq aún no está del todo zumbado, y no será tan fácil que alguien le dé una pistola ¿o sí? La historia es que la NBA va a perder, después de muchos años -19 temporadas- sorprendiendo por su movilidad, potencia y sonrisa. Lo que no queda tan claro es que ganemos a un gran policía, porque su deseo, ahora, es ser Sheriff.

DENTRO Y FUERA DE LA CANCHA

Escucho, escuchaba La puta OPP. No sé por qué y a la hora de escribir me salta a la cabeza. Joder. Si hay un Rey magnético original en la NBA ha debido ser Shaq. Hablo en pasado porque Shaquille O’Neal lleva una semana retirado. Hablo de Shaq porque no hay que explicar quién es. Esto es una revista de hip hop, y hasta que al basket no lo eleven por encima de otros factores al quinto elemento, sus protagonistas han de ser presentados. A Shaquille O’Neal no hace ninguna falta. Todos le conocen. Es muy grande, afroamericano y con imágenes que en algún momento nos han hecho decir ‘”What The…? ¿Quién es ese tío?” Shaq fue un jugador de basket que cambió para siempre la historia de este deporte. Lo hizo en la cancha y fuera, adaptándose antes que otros más jóvenes al boom de las redes sociales. Antes que eso sacó un par de discos de rap y se dedicó a ser superhéroe de película. Algunas veces, muchos de nosotros, pese a cuestionar fuerzas superiores y celestiales, les damos gracias porque algo no vaya a más. Nunca tendré claro si sus rimas fueron causa de su pasta o de su talento. Sin embargo, no gasto ni medio segundo en evaluar su papel como actor. Dios le da pan al que no tiene manos. Pero mientras nos atacaba de mala manera con sus arreones artísticos, sembraba el terror en las canchas. Un huracán devastador. Brutal, incontenible y consciente de que su potencia era un gancho perfecto para atrapar fans y para demoler defensas.

EL VIAJE A LA CUMBRE

Todo empezó en la ciudad de Mickey Mouse, donde un chaval de Newark -uno de las zonas de exclusión social preferidas de la Gran Manzana y sus 5 ‘boros’- llegaba como número uno de Draft. Explosión y Orlando Magic tardaría tres años en llegar a su primera final de la NBA. A esas alturas, su padre natural salía de la cárcel. Posesión y consumo de drogas. No aguantaría mucho más en Orlando. Tampoco es recomendable pasar más de diez días, si no es por tema de trabajo. Y se fue a los Lakers para ganar tres anillos. La gloria la obtuvo allí, pero también sus momentos más bajos en plena pelea -nunca física- con la otra gran estrella, Kobe Bryant. “De menores se pelean y de mayores se morrean”, se decía en el colegio, y sólo al separarse acabaron por hacerse algo amigos, no demasiado. De Kobe pasó a jugar al lado de Dwyane Wade, en Miami Heat, donde volvería a besar el cielo y ganar un anillo. Ya era 2006. Y adiós a Shaq. Volvió su presencia fuera de las canchas, estalló en Youtube, se apoderó de Twitter y se enzarzó en mil historias diferentes. Pasó por Cleveland y acabó vestido de verde para los Celtics. Por el camino, se autoproclamó agente de la Ley y el Orden al perseguir a un par de ¿delincuentes? -profirieron insultos homofobos-… Pero su legado serán sus apodos, su forma sutil de poner apodos e insultar y sus brazos para encajar golpes, golpes y más golpes. Hace unas horas (cuando lo lean, días o semanas), dijo que se iba el único e inimitable Superman. Palabra de Ley.

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